miércoles, 9 de diciembre de 2009

la oveja negra

Como el rebaño necesitaba héroes a quien llorar y motivos para levantar estatuas. De vez en cuando una oveja negra era fusilada.

Rimbaud

La primera vez que lo vi caminando ebrio por las calles de Paris me queda sin habla. Era impresionante ver a aquel bello muchacho besándose tan apasionadamente con ese viejo monstruo barbón.- tócame, papito-, le decía el joven al viejo que obedecía con ganas. A pesar del asco que sentía viendo este grotesco espectáculo, no pude dejar de contemplarlo. Tenía curiosidad por saber quien era este niño de ojos profundos y expresión dulce.

Seguí a la singular pareja a un oscuro bar. Por horas vi la escena de amor más bizarra de todas. Mientras el viejo le tocaba gentilmente las manos, el joven le acariciaba la entre pierna con el pie. De vez echando se mandaban becitos y reían animosamente. Me parecía ver a una pareja de adolescentes chupando helados en un parque, la diferencia es que estos dos tomaban vino en el bar más feo de toda Europa occidental (más tarde de seguro se chaparían otra cosa).

Después de un par de horas, el viejo se levanto atontado por tanto vino y corrió a vomitar. Con un poco de timidez y curiosidad me acerque al joven. – como te llamas, muchacho-, le pregunte. – Arthur Rimbaud-, contesto mientras volteaba hacia mí. En ese momento pude ver un toque de maldad en sus ojos, una maldad hipnotizante y terriblemente inspiradora.

- que haces con ese viejo feo-, le pregunte.

- Verlaine, no es ningún viejo feo-, contesto sonriéndome coquetamente,- el es mi inspiración, yo soy un poeta.

Paul Verlaine, me dije a mi mismo con desprecio. No podía creer que aquel enigmático joven estuviera con ese imbécil sin talento, que se creía poeta.

Algo decepcionado le dije- chao muchacho, suerte con tus poemas-. Me di la vuelta y me fui. Antes de irme, Rimbaud me cogió el culo, no le puse atención y seguí caminado. Saliendo del bar escuche como la basura de Verlaine comenzaba una pelea con el joven poeta. No me importo y me fui.

Pasaron los años y no volví a ver al muchacho. La verdad no me acordaba de el hasta que leí un libro llamado “Una temporada en el infierno” escrito por un tal Arthur Rimbaud. La hermosura y maldad de esos poemas me recordaron al misterioso joven que una vez vi en un oscuro bar. Decidí que debía encontrarlo.

Lo busque por toda Francia, pero nadie sabia de el. Parecía que lo había tragado la tierra. Por suerte una vez conocí a un soldado que lo conocía. Era pequeño, narizón y lacrado, me dijo que Rimbaud estaba en algún lugar de África fumando opio y frecuentando prostíbulos. Me alegre de saber sobre el muchacho, pero África es muy grande, pensé que mi búsqueda había terminado. Saliendo del bar, el soldado me dijo,- si lo buscas por el negocio yo se quien puede ayudarte-. Le seguí la corriente y le dije que sí me interesaba el negocio.

Fui a ver al puerto a ver a un tal Piere. El era un oficial del ejército grande, musculoso y feo, le faltaban los dientes por el escorbuto y estaba lleno de tatuajes. Era un tanto atemorizante la imagen de ese hombre, pero después de unas cuantas botellas de vodka nos hicimos amigos. Era sorprendente el talento como orador que tenía este engendro. Animosamente me conto sus aventuras por los mares del mundo. Cuando sentí la suficiente confianza, decidí preguntarle por Rimbaud. Me dijo que el famoso negocio que tenía con él, era el tráfico de armas y que además había tenido un romance con Rimbaud en alta mar.

Cada vez estaba más fascinado con la vida del aquel hermoso muchacho. Piere me ayudo a conseguir trabajo en un barco y me fui a Etiopia, una tierra que pocos blancos han pisado. Al llegar a ese inhóspito lugar me recibió un hombre flaco y alto.- Mucho gusto Arthur Rimbaud-, mi búsqueda había terminado.

Del joven que vi en Paris solo quedaba esa fascinante maldad en su mirada. Nos sentamos a beber y a conversar. Me contó que estuvo deambulando por toda Europa durante un tiempo. Cuando le pregunte de que vivió en esa época, me respondió riendo - pues haciendo lo que mejor se, vendiendo mi cuerpo. También de vez en cuando le pedía dinero a un viejo amante que tenía en Francia-.

Seguimos tomando y conversando por horas. Me dijo que se unió al ejército para poder viajar gratis por todo el mundo. Cuando llegó a Egipto dejo el ejercito, la razón fue porque estaba aburrido de los soldados y porque un día se metió al aren de un importante jeque y se tiro a todas las concubinas. Tuvo que salir corriendo a esconderse en el desierto.

Dijo que estuvo cuatro días si comida y sin agua hasta que unos nómadas lo encontraron. – Como no tenía nada que darles me dieron por el culo- me dijo entre carcajadas. – después me trajeron a Etiopia y aquí me instale-. Al poco tiempo de haber llegado conoció a un emperador que necesitaba armas para mantener su tiranía. – como me vio blanco pensó que yo podía ayudarle, me ofreció un buen trato y yo acepte, igual no había nada mejor que hacer-.

Charlamos durante horas. Le pregunte si había vuelto a escribir y me respondió que esa había sido solo una etapa de la juventud. Decía indignado que le parecía increíble que ha a alguien le gustara esos versos basura. – ahora mi vida es mas divertida, puede que vivía a en la miseria pero África es muy emocionante-.

Debía volver al barco o me dejarían. Me despedí de ese magnifico hombre. Antes de salir de la de la choza donde estábamos, Rimbaud me cogió el culo y me dijo con una sonrisa. – Verlaine no es ningún viejo feo, el es mi inspiración, yo soy un poeta-. Le sonreí y me fui de vuelta a casa

domingo, 6 de diciembre de 2009

sensual figura

- ¿A cuánto el palo?-, le dije nerviosamente mientras contemplaba sus sensuales caderas. Cautivado, miraba la forma en la que sus negros rizos bajaban hasta la mitad de su espalda. En toda mi vida había visto un trasero tan eróticamente perfecto. Grande y redondo, solo deseaba tenerlo entre mis manos toda la noche. Además, llevaba un pícaro y brillante vestido morado que apenas tocaba sus muslos. Tenía piernas largas y hermosas, como los tacones, que hacían juego con el vestido. Hipnotizado, veía cómo sus delgados brazos formaban un perfecto ángulo de 60 con sus caderas, dándole el toque final a aquella perfecta escultura.

- 20 dólares ñañito-, me respondió una gruesa y aguardentosa voz, mientras observaba horrorizado cómo daba la vuelta y rebelaba su verdadera figura. Sorprendido vi que en realidad tenía rudas facciones, la nariz torcida y la cara cortada. Su manzana de Adán era más grande que la mía, la mayoría de los pocos dientes que le quedaban eran de oro y le faltaba la uña del dedo gordo del pie derecho. Casi me vomito cómo del morado y vació escote salían cuatro gruesos y rizados vellos. Después de notar el mórbido bulto que me apuntaba desde sus caderas, salí corriendo despavorido de aquella oscura esquina . En la huida alcancé a escuchar cómo gritaba con esa horrible voz: - no corras flaco que yo hago maravillas-.

la historia del clásico personaje

El clásico personaje es un hombre maduro, flaco, alto y ojeroso. Su es cara larga y fea. Tiene la piel reseca, las cejas grandes, los labios pequeños y los ojos tristes. Sus extremidades son largas y huesudas. Tiene las uñas rotas, los dientes amarrillos, las orejas pequeñas y la nariz puntiaguda. La espalda del clásico personaje es angosta, al igual que su pecho, no tiene buen culo, sus músculos son flácidos y débiles y varias estrías, granos y verrugas cubren su cuerpo.

El clásico personaje trabaja en un minúsculo cubículo blanco, ubicado en un grisáceo edificio, donde la única decoración es un escritorio café, una silla verde, un teléfono blanco y una computadora del 92. El cuadrado edifico de 8 pisos es la sede de una empresa que gana millones destrozando al planeta y paga poco a sus empleados. Aquí, el clásico personaje ha trabajado los últimos 10 años de su vida.

Este clásico personaje usa camisas de cuello y manga larga de color blanco o celeste; pero, prefiere las camisetas de Batman. Usa pantalones de paño azul, café oscuro o negro; pero, se siente más cómodo con una sudadera gris. También usa corbatas de rombos, triángulos o cuadrados; pero, odia tener algo atado al cuello (ni siquiera soporta una bufanda). El clásico personaje se despierta a la 5 de la mañana; pero, le gusta dormir hasta las dos de la tarde. Todos los días viaja en buses plagados de gente estúpida, grosera y apestosa; pero, prefiere caminar por la ciudad. Este frustrado hombre habla de temas aburridos con sus compañeros de trabajo y siempre trata de agradarle a todo el mundo; pero, en realidad odia a todos los seres que hay a su alrededor y preferiría evitarlos. De vez en cuando frecuenta uno que otro prostíbulo de precio moderado; pero, lo que más quiere en el mundo es una novia.

Básicamente, este personaje vive atrapado en una monótona y aburrida rutina. Vive triste, solo y frustrado. No habla mucho, sale poco, bebe de forma moderada, no se droga, se masturba a diario, no tiene amigos, tiene un mal salario, nuca sueña, se le dañó el televisor, mejor dicho está cagado. Además, vive sintiendo un odio enorme por todos los que son superiores a él. Odia a todos sus ex compañeros del colegio, que sí triunfaron en la vida y tienen esposas, casas bonitas, hijos deportistas y un carro de lujo. Odia a todas las personas de su trabajo porque se visten elegantemente y todo el día le restriegan su éxito en la cara. Odia a sus jefes porque le dieron un trabajo inmundo donde ha estado toda una década atrapado. También, odia al tipo del cubículo de al lado, a su vecino, a los gatos, a las exuberantes secretarias que lo miran con asco y más que nada se odia a si mismo por ser como es y no haber hecho nada al respecto.

Un buen día, harto de su existencia, el clásico personaje decidió volarse los sesos, consiguió una escopeta y planeo una fiesta de despedida, la cual consistió en una velada romántica con la puta más cara y jugosa de la ciudad, acompañada de una botella de whiskey. El sexo y el whiskey estuvieron deliciosos. Sin más que hacer, el clásico personaje tomó la escopeta y la puso en su boca, colocó el dedo gordo del pie derecho en el gatillo y contó 5, 4, 3, 2,1. ¡ PERO no se voló la maceta! y no es que se haya acobardado, sino que recordó cuanto odiaba la empresa donde trabajaba y a todos sus empleados y decidió que no podía irse sin vengarse.

Su plan maestro consistía en: Primero, cambiar la escopeta por una metralleta de grueso calibre como la de Rambo. Segundo, usando una receta sacada de Internet, fabricar una cantidad tan grande de explosivos caseros, que sea capas de volar la ciudad entera. Tercero, conseguirse otra puta y beberse otra botella de whiskey. Cuarto, colocar varios explosivos en los parqueaderos del edifico y esconder la metralleta. Quinto, esperar al lunes.

Esa mañana despertó a la hora que quiso. Se puso su mejor sudadera gris y una camiseta con la cara del guasón. Caminó por el parque, se detuvo a oler las flores, a sentir el calor del sol, hasta jugó una partida de ajedrez con un anciano. Esa mañana estaba sonriente, el sol brillaba y nada podía arruinar su día. Cuando llegó al edificio entró por la puerta principal, mató al guardia con un cuchillo, bloqueó todas las salidas, tomó su metralleta y fue piso por piso fusilando a todo el personal.

Traca, traca, traca, sonaba la metralleta. Aaaaaah gritaban las personas. Jajajaja, reía el clásico personaje mientras disfrutaba cómo las paredes se pintaban con la sangre de sus victimas. En media hora acabó con los departamentos de Contabilidad, Finanzas y Recursos Humanos, y todavía faltaban 4 pisos más, la gente corría desesperada, algunos intentaron luchar, pero eran alcanzados por las balas y los explosivos que el clásico personaje lanzaba. Finalmente llegó al último piso, la oficina de los jefes. Todos estaban escondidos bajo sus escritorios y miraban atónitos al clásico personaje. Sus ojos brillaban de vida y felicidad, su cara estaba manchada de sangre y tenía una enorme y demente sonrisa con la cual exponía todos sus amarrillos dientes. El clásico personaje no se movía, miraba fijamente las caras de sus aterrados compañeros y al mismo tiempo que sacaba un detonador de su bolsillo izquierdo dijo de una forma firme y segura:
-Jefe, renuncio-. Y aplasto el botón rojo que redujo el edificio a escombros.

martes, 24 de noviembre de 2009

mito de la falta de inspiracion

Hace mucho tiempo la humanidad estaba llena de artistas. Cientos de pintores, músicos y escritores rondaban por todo el planeta llenándolo de belleza. Cada obra creada era espectacular. Nunca faltaban ideas, nunca había trabajos malos, todo lo creado era perfecto. Hasta la llegada de un pequeño músico llamado Inspiranis, cuando Inspiranis cantaba la gente corría, los niños lloraban, los perros ladraban. Dicen que lo echaron de varios pueblos porque su fea música traía mala suerte. Inclusive cuentan que el horrible canto de Inspiranis quitaba la inspiración a los artistas. El pequeño músico no quería cambiar de oficio. Él soñaba con ser tan famoso y perfecto como todos los demás artistas. Pero simplemente no tenía talento, algo que parecía imposible. Desesperado por cantar bien, Inspiranis pidió ayuda a los dioses de la tierra. Ellos, al ver el amor por el arte que tenía este patético personaje, decidieron darle una mano. Los dioses le regalaron una guitarra mágica con la que podría crear la música más hermosa del mundo. Pero, ni toda la magia podía ayudar a Inspiranis. Él seguía sonado tan mal como siempre, incluso peor. Inspiranis jamás tendría ni una gota de talento. Cuando Inspiranis comprendió su destino sintió mucha ira. Él decidió que no podía ser la única persona en el mundo sin talento. Así que usó la guitarra regalada por los dioses para fastidiar el trabajo de los demás artistas. Pronto las grandes obras llenas de belleza comenzaron a desaparecer. Los pintores, músicos y escritores no encontraban la inspiración, todo por la culpa del horrendo canto de Inspiranis. Algunos artistas pudieron superar la mala influencia de Inspiranis y siguieron creando magnificas obras llenas de belleza. Pero, no muchos lo lograron esto y la cantidad de artistas buenos paso de ser millones, a solo un puñado. Gracias a el poder de la guitarra, Inspiranis se convirtió en el dios de la falta de inspiración. Este dios busca gente que aspira convertirse en artista. Cuando los encuentra, canta su horrible canción y les roba todo el talento. Los únicos que pueden vencer el canto de Inspiranis son los artistas puros, solo, los que nacieron para crear belleza.

historia con cuadro

Estar borracho tiene varias etapas. Empiezas tomando y tomando como si fuera la última borrachera de tu vida. Te sientes bien, no te consideras ebrio y todo es pura felicidad. Esa felicidad te lleva a la siguiente etapa. Hablar como loco. Sin darte cuenta conversas con quien sea y sobre lo que sea. De repente eres el mejor amigo de todos, eres la persona más elocuente del lugar y cada vez hay más felicidad.

A medida que la parranda avanza, comienzas a ver todo borroso ( como si tuvieras las gafas de alguien puestas),vas más seguido al baño y si te pellizcas la cara no la sientes. En ese punto ya estas borracho( por más que lo niegues),pero, todavía conciente. Aún dices cosas coherentes, puedes caminar y todos los problemas de tu vida desaparecen. Ahí tienes dos opciones. Dejas de beber y disfrutas la noche tal como estás o sigues tomando hasta reventar.

Sea cual sea tu decisión el siguiente paso siempre es el mismo, ir a bailar. Cuando bailas comienza la verdadera diversión. Vas a saltar, a cantar, a dar vueltas. Bailarás cualquier canción sin importar el artista. Desde merengue hasta electrónica. No importa que no sepas bailar, en este momento te mentes en tu mundo y solo disfrutas de la hipnotizante mezcla creada por la música y las luces brillantes y parpadeantes que se mezclan con la oscuridad. Eres tu con tú entorno y con la persona que tienes al frente. La tocas, la hules, le hablas, la sientes y si tienes suerte la besas. En la parte del baile no importa el cansancio, la borrachera o la sobriedad, solo importa la diversión. Después suena una canción conocida por todos y te juntas con tus amigos. Te abrasas con ellos y forman una ronda. Todas, saltan, ríen, gritan, VIVEN, son felices y termina la canción.

Cuando la música para, pueden pasar dos cosas. Si dejaste de beber ya estas sobrio. Pero, si continuaste tomando, puede ser un problema. Ahora todo da vueltas y esta oscuro. No puedes caminar bien, no dices ni piensas nada coherente y todos los amigos que hiciste más temprano te consideran un estorbo. La felicidad se acaba y comienzas a llorar abrazado de tu nuevo hermano. Sorprendentemente, todavía no tienes
lagunas mentales y aún puedes decidir si sigues tomando o paras.

Si decides parar, cosa que no pasa ( recuerda no piensas coherentemente), seguirás muy borracho pero un poco consiente y de todas formas tendrás resaca. Si continuas, harás muchas cosas vergonzosas y estúpidas que nunca recordaras. No podrás pararte o moverte. Todos los que están al rededor tuyo se convertirán en un montón de sombras sin rostro que dicen cosas in entendibles. No podrás controlar tu cuerpo e inevitablemente vomitaras. Sentirás como el fluido sube por tu estómago pasa por tu traquea y bluag. Te arde la garganta, hueles horrible y has creado un hermoso cuadro abstracto al estilo de Duchamp en el suelo.

Después del vómito viene un sentimiento de desesperación. Ya no sabes qué hacer. No puedes dormir, jadeas y tomas agua. Intentas como sea ponerte “ bien”, pero tu organismo no está bien. Ni siquiera recuerdas cómo se siente estar bien. Lo único que puedes hacer mientras pides clemencia a tu cuerpo es gritar,- no vuelvo a tomar en mi vida- antes de caer inconsciente. Al otro día, solo recuerdas la vomitada y te preguntas de forma inocente.- Qué carajos hice anoche-.

miércoles, 11 de noviembre de 2009