domingo, 6 de diciembre de 2009

la historia del clásico personaje

El clásico personaje es un hombre maduro, flaco, alto y ojeroso. Su es cara larga y fea. Tiene la piel reseca, las cejas grandes, los labios pequeños y los ojos tristes. Sus extremidades son largas y huesudas. Tiene las uñas rotas, los dientes amarrillos, las orejas pequeñas y la nariz puntiaguda. La espalda del clásico personaje es angosta, al igual que su pecho, no tiene buen culo, sus músculos son flácidos y débiles y varias estrías, granos y verrugas cubren su cuerpo.

El clásico personaje trabaja en un minúsculo cubículo blanco, ubicado en un grisáceo edificio, donde la única decoración es un escritorio café, una silla verde, un teléfono blanco y una computadora del 92. El cuadrado edifico de 8 pisos es la sede de una empresa que gana millones destrozando al planeta y paga poco a sus empleados. Aquí, el clásico personaje ha trabajado los últimos 10 años de su vida.

Este clásico personaje usa camisas de cuello y manga larga de color blanco o celeste; pero, prefiere las camisetas de Batman. Usa pantalones de paño azul, café oscuro o negro; pero, se siente más cómodo con una sudadera gris. También usa corbatas de rombos, triángulos o cuadrados; pero, odia tener algo atado al cuello (ni siquiera soporta una bufanda). El clásico personaje se despierta a la 5 de la mañana; pero, le gusta dormir hasta las dos de la tarde. Todos los días viaja en buses plagados de gente estúpida, grosera y apestosa; pero, prefiere caminar por la ciudad. Este frustrado hombre habla de temas aburridos con sus compañeros de trabajo y siempre trata de agradarle a todo el mundo; pero, en realidad odia a todos los seres que hay a su alrededor y preferiría evitarlos. De vez en cuando frecuenta uno que otro prostíbulo de precio moderado; pero, lo que más quiere en el mundo es una novia.

Básicamente, este personaje vive atrapado en una monótona y aburrida rutina. Vive triste, solo y frustrado. No habla mucho, sale poco, bebe de forma moderada, no se droga, se masturba a diario, no tiene amigos, tiene un mal salario, nuca sueña, se le dañó el televisor, mejor dicho está cagado. Además, vive sintiendo un odio enorme por todos los que son superiores a él. Odia a todos sus ex compañeros del colegio, que sí triunfaron en la vida y tienen esposas, casas bonitas, hijos deportistas y un carro de lujo. Odia a todas las personas de su trabajo porque se visten elegantemente y todo el día le restriegan su éxito en la cara. Odia a sus jefes porque le dieron un trabajo inmundo donde ha estado toda una década atrapado. También, odia al tipo del cubículo de al lado, a su vecino, a los gatos, a las exuberantes secretarias que lo miran con asco y más que nada se odia a si mismo por ser como es y no haber hecho nada al respecto.

Un buen día, harto de su existencia, el clásico personaje decidió volarse los sesos, consiguió una escopeta y planeo una fiesta de despedida, la cual consistió en una velada romántica con la puta más cara y jugosa de la ciudad, acompañada de una botella de whiskey. El sexo y el whiskey estuvieron deliciosos. Sin más que hacer, el clásico personaje tomó la escopeta y la puso en su boca, colocó el dedo gordo del pie derecho en el gatillo y contó 5, 4, 3, 2,1. ¡ PERO no se voló la maceta! y no es que se haya acobardado, sino que recordó cuanto odiaba la empresa donde trabajaba y a todos sus empleados y decidió que no podía irse sin vengarse.

Su plan maestro consistía en: Primero, cambiar la escopeta por una metralleta de grueso calibre como la de Rambo. Segundo, usando una receta sacada de Internet, fabricar una cantidad tan grande de explosivos caseros, que sea capas de volar la ciudad entera. Tercero, conseguirse otra puta y beberse otra botella de whiskey. Cuarto, colocar varios explosivos en los parqueaderos del edifico y esconder la metralleta. Quinto, esperar al lunes.

Esa mañana despertó a la hora que quiso. Se puso su mejor sudadera gris y una camiseta con la cara del guasón. Caminó por el parque, se detuvo a oler las flores, a sentir el calor del sol, hasta jugó una partida de ajedrez con un anciano. Esa mañana estaba sonriente, el sol brillaba y nada podía arruinar su día. Cuando llegó al edificio entró por la puerta principal, mató al guardia con un cuchillo, bloqueó todas las salidas, tomó su metralleta y fue piso por piso fusilando a todo el personal.

Traca, traca, traca, sonaba la metralleta. Aaaaaah gritaban las personas. Jajajaja, reía el clásico personaje mientras disfrutaba cómo las paredes se pintaban con la sangre de sus victimas. En media hora acabó con los departamentos de Contabilidad, Finanzas y Recursos Humanos, y todavía faltaban 4 pisos más, la gente corría desesperada, algunos intentaron luchar, pero eran alcanzados por las balas y los explosivos que el clásico personaje lanzaba. Finalmente llegó al último piso, la oficina de los jefes. Todos estaban escondidos bajo sus escritorios y miraban atónitos al clásico personaje. Sus ojos brillaban de vida y felicidad, su cara estaba manchada de sangre y tenía una enorme y demente sonrisa con la cual exponía todos sus amarrillos dientes. El clásico personaje no se movía, miraba fijamente las caras de sus aterrados compañeros y al mismo tiempo que sacaba un detonador de su bolsillo izquierdo dijo de una forma firme y segura:
-Jefe, renuncio-. Y aplasto el botón rojo que redujo el edificio a escombros.

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